El litoral mediterráneo,
con suelo fértil, temperaturas templadas y ausencia
de heladas, ha sido desde muy antiguo un territorio ideal
para la agricultura aunque siempre ha contado con una
condición muy desfavorable, la escasez de agua.
Dentro del Plan
Nacional de Obras Hidráulicas elaborado
bajo la dirección del Ingeniero de Caminos don
Manuel Lorenzo Pardo en 1933, se planteaba la solución
a la escasez de recursos del Sureste español mediante
el trasvase de aguas desde la cabecera del río
Tajo.
Se eligió ésta
entre otras alternativas, como un trasvase desde la desembocadura
del Ebro. Se realizaron los estudios en la década
de los sesenta y finalmente en 1968 se autorizó
la realización de las obras del Acueducto Tajo-Segura.
El trasvase, cuyo objetivo
es sentar las bases hidráulicas para posibilitar
el desarrollo de las provincias del Sureste de España,
tiene su comienzo en los embalses de Entrepeñas
y Buendía, que tienen una capacidad total
de 2.443 hectómetros cúbicos.
La presa de Entrepeñas,
construida sobre el río Tajo y con un volumen de
embalse de 804 hectómetros cúbicos, había
sido terminada en 1956; la de Buendía sobre el
Guadiela, con un volumen de embalse de 1.639 hectómetros
cúbicos , se terminó un año después,
en 1957; el conjunto de ambos embalses recibió
el pomposo nombre de mar de Castilla al tiempo
de su terminación.
Aunque su principal
destino fue el de servir de inicio al trasvase, además
realizan la muy necesaria regulación de las aguas
procedentes del Alto Tajo atenuando las que hasta entonces
eran periódicas y destructivas avenidas del río,
al tiempo que se aprovechaba la energía hidroeléctrica
del salto, se garantizaba un caudal estable en el tramo
medio del Tajo y se daba estabilidad a otros usos, como
regadíos en la zona media del río; adicionalmente,
crearon una singular zona turística en las comarcas
de su entorno, actividad que se ha visto afectada por
la sequía de principio de los 90.
Aguas abajo de éstos,
se encuentra el embalse de Bolarque desde donde
se impulsa el agua hacia el de La Bujeda, que es
prácticamente un gran depósito de unos 6
hectómetros cúbicos construido en las alturas
de la sierra de Altomira encima de Bolarque.
Para elevar el agua
del Tajo hasta ella se han construido dos grandes tuberías
de acero de más de tres metros de diámetro
y un espesor que llega a los 23 milímetros; dichas
tuberías salvan una distancia de 1.070 metros de
largo y una altura de 245 metros, hasta lo alto de la
sierra. El agua es conducida por un canal que tiene una
capacidad de 33 metros cúbicos/sg,
y que a veces va en túnel y a veces en acueductos
(entre los que destaca el de Riánsares, de casi
3 km. de longitud con una altura máxima de 48,50
metros y cimientos de pilotes de 31 metros) hasta el embalse
de Alarcón.
Desde este embalse
atraviesa La Mancha, hasta introducirse en el impresionante
túnel de Talave, que con sus más de cuatro
metros de diámetro y casi 32 kilómetros
de largo fue considerado el mayor de toda Europa Occidental
en su tiempo.

Trasvase Tajo-Segura
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Acueducto de Riansares
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A la salida del túnel,
el agua se encuentra ya en la cuenca del Segura y se dirige
al embalse de Talave. Originalmente se tenía
previsto disponer de agua excedentaria en la cuenca del
Tajo que permitiese garantizar un trasvase de 600 hectómetros
cúbicos todos los años y se contaba con
poder llegar a los 1.000 hectómetros cúbicos
en el futuro, pero se ha comprobado que los cálculos
eran demasiado optimistas y estas últimas cifras
hoy se consideran inalcanzables.
Además de su
propósito original, el acueducto Tajo-Segura también
se utiliza hoy en día para suministrar agua al
Parque Nacional de las Tablas de Daimiel y se tiene previsto
que próximamente pueda abastecer algunas poblaciones
deficitarias de Castilla-La Mancha dentro de la cuenca
del Guadiana. El acueducto Tajo-Segura es pieza fundamental
del desarrollo alcanzado en la región mediterránea
del sureste español.