Los
embalses. |
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El Plan Nacional de
Obras Hidráulicas de 1902, elaborado por el Cuerpo
de Ingenieros en la conmemoración de su primer
centenario, incluía las obras necesarias para la
puesta en riego de 181.850 has. en la cuenca del Tajo.
Al llegar el año
1933, en que se redacta un nuevo Plan, prácticamente
no se había conseguido ninguna realización
de las programadas anteriormente. Tan sólo los
embalses de Burguillo y Charco del Cura, que si bien tenían
una finalidad inmediata de aprovechamiento hidroeléctrico,
conseguían una regulación del río
Alberche que permitiría su aplicación en
los futuros regadíos del Alberche en la zona de
Talavera de la Reina.
En este nuevo Plan
Nacional se consideraban las realizaciones previstas en
el anterior reduciendo a 110.000 has. la superficie regable
programada, limitación que venía impuesta
por el proyectado trasvase a la zona de Levante de los
recursos que se suponía sobrantes en la cuenca
del Tajo.
Un informe de la entonces
Delegación de los Servicios Hidráulicos
del Tajo sobre dicho Plan se oponía a sus líneas
generales, en cuanto se refería a la cuenca propia,
argumentando que las posibilidades de creación
de regadíos en la misma eran muy superiores a las
supuestas en aquel.
A partir de entonces,
y dentro de las limitaciones que suponía la escasez
de personal facultativo con que contaba el Organismo,
se inicia la planificación de los posibles aprovechamientos
de la cuenca que, interrumpidos por la guerra civil, comenzaron
a tener su real desarrollo a partir del año 1940.
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| Embalse
de Alcántara |
Presa
del Burguillo |
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| Desgüajes
de la Tajera |
Presa
del Burguillo |
En aquella fecha, las
obras de regulación en el río Tajo eran
prácticamente inexistentes, pues para su aportación
media anual superior a 10.000 hm3
, la capacidad total de los embalses construidos solamente
alcanzaba los 354 hm3
, de los cuales 120 hm3
se destinaban al abastecimiento de Madrid y tan sólo
el embalse de Burguillo, con 208 hm3
de capacidad total, tendría una posible aplicación
futura en la creación de nuevos regadíos.
Las realizaciones conseguidas,
a partir de aquella fecha, han resultado verdaderamente
espectaculares pues ya culminado el año 1975, se
disponía de una capacidad de embalse de 10.177
hm3 , ligeramente superior
a la aportación media del río Tajo, de los
que 4.755 hm3 correspondían
a realizaciones con intervención directa de la
Confederación y el resto a la iniciativa particular
y a la de otros Organismos como el Canal de Isabel II
y, a menor escala el I.N.C.
Destaca por su importancia
en este conjunto el sistema de Entrepeñas-Buendía,
realizado por la Confederación, con una capacidad
total de 2.394 hm3, cuya finalidad es la regulación
de la cabecera del río Tajo y que hizo posible
la regulación de aguas no controladas que producía
periodicamente grandes daños en las poblaciones,
infraestructuras públicas y en las propiedades
privadas con grandes pérdidas incluso de vidas
humanas.
Las pequeñas
demandas dependientes de estos embalses dieron pie a que
se planteara el acueducto Tajo-Segura, columna vertebral
de la solidaridad interterritorial, mediante el trasvase
de hasta 600 hm3 anuales
al Sureste peninsular a través de las cuencas de
los ríos Júcar, Guadiana y Segura para contribuir
a cubrir las necesidades para riegos de aquella zona,
que no pueden atenderse totalmente con sus propios recursos.
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| Número
de presas |
Superficie
del embalse |
Volumen
del embalse |
De los realizados por
iniciativa privada ocupa el primer lugar el embalse de
Alcántara, José Mª Oriol, con una capacidad
de 3.177 hm3 y cuyo destino
principal es la producción de energía eléctrica,
seguido de los de Valdecañas, Azután, Cedillo,
Torrejón y Tiétar.
Otras obras destacables
son las realizadas con destino al abastecimiento de agua
potable a núcleos urbanos importantes, para los
que la Confederación había construido el
embalse de El Atazar 425 hm3
en colaboración con el Canal de Isabel II,
y el de Valmayor, con destino al abastecimiento de Madrid;
los de Guajaraz y Torcón, para el abastecimiento
de Toledo; el de Guadiloba para el abastecimiento de Cáceres
y los de Navacerrada, La Jarosa y Navalmedio, para los
núcleos urbanos de la Sierra de Guadarrama.
En la década
de los setenta se inició la construcción
por la Confederación de los embalses de Alcorlo,
Finisterre, Tajera, Navalcán, Jerte, y Beleña,
con una capacidad total de 529 hm3
y que culminaban los hitos más sigificativos de
la regulación general. Posteriormente en los años
80 se construyeron los embalses de La Aceña, Angostura,
Los Morales, El Pajarero, Baños y Portaje, etc.,
y un numeroso conjunto de pequeños embalses de
abastecimiento para núcleos de Cáceres.
Ya en los 90 se han construido o se están construyendo
o ampliando los abastecimientos de Béjar, la Mancomunidad
del Sorbe, Casrama, Almoguera-Mondéjar, Algodor
y Tarancón, etc., de tal forma que aproximadamente
el 95% de la población de la cuenca está
agrupada mediante sistemas de abastecimiento integrados
o mancomunidades.
La
gestión del agua. Los sistemas de explotación. |
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El grado de desarrollo
alcanzado en el aprovechamiento de los recursos hidráulicos
mediante la creación de infraestructuras y la implantación
de reglas de explotación cada vez más eficientes
ha conducido al concepto de sistema de explotación
de recursos.
La definición
de la forma de servir las demandas desde los embalses
y acuíferos, en función del conjunto de
condicionantes existentes es lo que se llama regla de
explotación y depende de los recursos, de la cuantía
y distribución espacial y temporal de las demandas,
de los embalses, acuíferos, conducciones y otras
infraestructuras.
Se entiende por Sistema
de Explotación de Recursos (art. 73.3 del R.A.P.A.
y de la P.H.) el conjunto de elementos naturales, obras
e instalaciones de infraestructuras hidráulicas,
normas de utilización del agua derivadas de las
características de las demandas y reglas de explotación
que aprovechando los recursos hidráulicos naturales
permiten establecer los suministros de agua que configuran
la oferta de recursos disponibles.
El gran número
de variables y la complejidad de los sistemas de explotación
de recursos actuales, y mucho más los futuros,
hace que las reglas de operación no sean evidentes
y se estén produciendo cambios substanciales de
forma casi constante, aunque generalmente en un mismo
sentido, la interdependencia entre los diferentes usos
y aprovechamientos hacia unos nuevos sistemas cada vez
más complejos, hacia un mayor aprovechamiento y
hacia la urgente necesidad de poner cada vez aún
mas rigor en la gestión.
Existen muchos tipos
y tamaños de sistemas de explotación de
recursos, dependiendo del nivel de presión sobre
los recursos y del número e importacia de las infraestructuras
puestas a disposición de la explotación
de los recursos. La cuenca está dividida a efectos
de la explotación en los cinco sistemas siguientes: