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La Confederación

     Nuestro País ha sido el pionero en el estudio y tratamiento de los problemas hidrológicos e hidráulicos con un enfoque territorial basado en las cuencas hidrográficas, gestado a través de las inquietudes políticas y legales surgidas durante la segunda parte del siglo diecinueve con el fin de aprovechar de forma racional los escasos e irregulares recursos hídricos españoles. Estas iniciativas quedaron plasmadas en 1861 con el comienzo de los estudios para la creación de organismos que, basados en las cuencas naturales de los ríos, gestionasen los recursos existentes. Fruto de estos estudios fue la creación de las Divisiones Hidráulicas en 1865 coincidiendo en el tiempo con la promulgación del primer código de aguas, la Ley de Aguas de 1866. Posteriormente se denominaron Divisiones Hidrológicas y más tarde Divisiones de Trabajos Hidráulicos. Finalmente cambia de nuevo el nombre a Divisiones Hidráulicas, que en número de siete abarcaban el territorio nacional de forma muy similar a como hoy lo hacen los Organismos de cuenca.

 

     Las Divisiones Hidráulicas tenían encomendadas las siguientes funciones:

  • Realizar estudios sobre régimen de los ríos.
  • Inspeccionar las obras de canales y pantanos realizadas por Corporaciones.
  • Dirigir la construcción de canales y pantanos con cargo a fondos presupuestarios.
  • Realizar obras de encauzamiento y defensa contra avenidas.
  • Realizar obras de abastecimiento a poblaciones.
  • Inspeccionar las obras de canales, pantanos y embalses realizados en virtud de concesión, siempre que exista consumo de agua o alteración del régimen de la corriente. 

 

     El Real Decreto de 5 de marzo de 1926, creó las Confederaciones Hidrográficas atendiendo a principios como "Cuenca hidrográfica como marco geográfico natural", "Unidad de gestión" y "Autonomía". El Decreto estableció las bases para la constitución de las Confederaciones, así como la definición de las funciones, facultades y organización de las mismas, con vistas a la realización de las obras hidráulicas necesarias y de las que el País carecía en gran medida. Aunque en ese mismo año se crearon las dos primeras, bajo el nombre de Confederaciones Hidrográficas Sindicales, una en el Ebro y otra en el Segura, se mantuvo la figura de las Divisiones Hidráulicas, incluso en aquellas cuencas en las que existían o fueron apareciendo las distintas Confederaciones. Las Divisiones Hidráulicas tenían encomendadas la misión de regular los asuntos jurídicos, concesionales y administrativos de las cuencas de forma similar a la que posteriormente seguirían haciendo las Comisarías de Aguas, mientras que las Confederaciones asumían labores de ejecución de infraestructuras, bien propias del Estado o bien en apoyo a Municipios, Diputaciones o particulares (comunidades de regantes).

 

     En los años cuarenta se estructuran los organismos de cuenca en dos figuras muy similares: Las Confederaciones Hidrográficas en el caso de las cuencas del Ebro, Segura, Guadalquivir, Duero y Pirineo Oriental, y el de la Delegación de Servicios Hidráulicos para el Tajo, Guadiana, Norte y Sur de España. Ahora, tanto las Confederaciones Hidrográficas como las Delegaciones de Servicios Hidráulicos asumieron las funciones jurídico administrativas y la de ejecución de obras hidráulicas en su conjunto. Paulatinamente éstas últimas fueron transformándose en Confederaciones Hidrográficas; en primer lugar la del Guadalhorce en 1949, que posteriormente pasó a denominarse del Sur de España, después las del Tajo y Guadiana en 1953 y finalmente la del Norte de España en 1961.